Entre risas y caricias (Tercera Parte)

La verdad no siempre nos hará libres…

…Katherine caminó hacia la biblioteca, tomó un par de libros y me dijo que la acompañara; salimos de su casa y ya era bastante tarde, salimos caminando por un bosque que quedaba a las afueras del pueblo, al fondo se veía una vieja edificación, seguimos caminando hasta una vereda; al fondo se veía una casa de madera bastante antigua, era un lugar prácticamente desolado, bajamos unos metros hasta llegar a esa vieja casa y un vehículo salió de la nada; en el vehículo venía un hombre mayor, vestido con harapos y un viejo sombrero, salió del vehículo y entró a la casa; “Señorita, ¿usted es quien trae los libros ocultos?” dijo el hombre con una voz grave; “Si señor, estos son los libros que he traído para usted” dijo Katherine tomando al hombre por el hombro; entramos a la casa, el hombre encendió una vela y la puso sobre una mesa de pino, se sentó y se puso a hojear uno de los libros; “Amigo mio, ¿podría traerme mis gafas?” dijo el hombre señalando hacia la habitación; entré a la habitación, busqué las gafas y se las entregué, el hombre se puso las gafas y comenzó a hojear con mayor velocidad hasta encontrar unas ilustraciones masónicas; tomó un bolígrafo y lo puso entre las páginas, cerró el libro y se quitó el sombrero; “Creo que su misión ha terminado, este viejo hombre debe descansar” dijo mientras se levantaba, Katherine y yo, salimos del lugar y regresamos a su casa.

Ya se estaba haciendo aún mas tarde, decidí despedirme de ella y regresar a casa, tomó de mi mano y me dijo que la esperara; entró a casa y balbuceaba unas cuantas palabras, salió y me entregó una carpeta, la tomé y me despedí de ella; llegué a casa, me senté en un sillón y abrí la carpeta, dentro de ella se encontraban unos documentos, estos estaban escritos en latín y abajo estaba una pequeña nota que decía: “Guarda esta carpeta en un lugar donde nadie lo vaya a encontrar, prometo que no será por mucho tiempo”; la llevé a mi habitación y la guardé en una librera.

Al siguiente día fuí a buscar a Katherine, al verme corrió hacia donde yo estaba y me dijo que debíamos hablar de algo muy importante; entramos a su casa y me dijo que en un par de días ella debía viajar, sería por un par de años mientras sus padres solucionaban sus diferencias; “¿Qué hay de la carpeta?” pregunté con desgano; “Quédatela hasta mi regreso, serás bien recompensado cuando vuelva” dijo tomándome de la mano; “Edmund, se que eres la única persona en quien en verdad puedo confiar, créeme, se mucho más de lo que tú te imaginas, estaremos siempre en contacto, mantente alerta y no olvides que no importa el lugar donde nos encontremos ni que tan lejos estemos el uno del otro, siempre estaremos juntos”…

 

Pues aquí estoy, relatando esta historia, Katherine nunca regresó de su viaje, pero aún tengo la carpeta conmigo; se que ella ya no está entre nosotros, mas seguiré mi promesa hasta llegar al final de mi camino…

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