El mundo perdido (Segunda Parte)

Después de salir de aquel obscuro y tenebroso bosque, se dirigió hacia una colina que llevaba a una pradera, decidió caminar un rato por el campo hasta que la noche estuviera completamente obscura y poder apreciar las estrellas; se acostó lentamente sobre aquel campo y viendo hacia el cielo, tomó una vieja libreta y un bolígrafo y escribió unas cuantas estrofas; después de pasar un buen rato en ese lugar, tomó de nuevo el camino para dirigirse de nuevo a casa; antes de llegar al cerco de su casa, notó que estaba una bicicleta tirada frente a la puerta de su casa, corrió hacia aquel lugar y notó que de la puerta lateral de su casa salía un hombre humilde de unos 38 años aproximadamente; el hombre vestía un viejo traje gris, una camisa negra y un gorro de lana, no era muy alto y era bastante delgado, mostraba un carácter bastante tranquilo y se veía que el tipo no era de ese lugar; el hombre salió lentamente despidiéndose del padre de Edward, subió a su bicicleta, y cruzó por la autopista mientras se desvanecía con la niebla.

Edward caminó hacia la entrada y logró detener la puerta que se cerraba con el viento que entraba a la casa, notó que su padre estaba sentado en una silla de palo blanco leyendo unas cartas que acababan de llegar, se acercó a saludarlo tomándolo de la mano, y este solo sonrió y le dio un pequeño golpe en el hombro; Edward caminó por el corredor principal de la casa y notó que su madre se encontraba en el estudio viendo un viejo álbum de fotos, el se acercó a saludarla y decidió sentarse junto a ella; de pronto, vio una fotografía donde estaba su padre, su abuelo, y el mismo tipo que vio salir de casa unos minutos antes, tomó su libreta, arrancó una hoja de la parte posterior, tomó una pluma de la mesa de trabajo y se puso a hacer un dibujo de aquel tipo, y le preguntó a su madre que, quién era ese hombre y por qué estaba en casa hablando con su padre; ella lo miró directamente a los ojos y acarició suavemente su cabello. “Él es un viejo amigo de tu padre, se conocieron cuando tu padre vivía en Polonia, después de que tu padre regresó a casa perdieron completa comunicación con el”; dijo la madre mientras fumaba un cigarrillo; era bastante extraño ver a su madre viendo fotografías tan antiguas, y aún más extraño, verla fumar dentro de la casa sentada en la mesa de trabajo de su padre.

Edward subió las escaleras y entró a su habitación, cerró la puerta y colocó el seguro y abrió la ventana para dejar entrar un poco de aire fresco, tomó su bolígrafo y siguió escribiendo en su vieja libreta; para entonces ya era demasiado tarde, Edward decidió acostarse en su cama y descansar para ir al siguiente día a la universidad…

“Aquella tarde en el bosque no fue como las demás, sabía que algo extraño iba a pasar, no le temo a la muerte, pero sí a esta vida, que cada día nos lleva más a la ruina, mi madre con cáncer, mi padre muriendo lentamente por causa de la guerra, y yo aquí perdiendo mi tiempo; espero algún día poder salir de este infierno, mis hermanos no tienen futuro, mi pequeña Marie quiere convertirse en monja, y George comienza a tener mayores indicios de esquizofrenia, ya no vale la pena luchar por mi familia, solo me queda escapar y tal vez viajar a algún lugar, ese lugar donde encuentre a la mujer de mis sueños, formar una familia y dedicarme a la industria, no pido mas… Solo depende de la buena voluntad y de tener la suerte de poder lograrlo…”

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