El apocalipsis del nuevo imperio

Habían pasado ya algunos años desde el último ataque contra la nueva babilonia, los reinos y los imperios vivían como carroñeros entre el olor a podredumbre de sus hombres caídos y los huesos punzantes y grises de los herederos de grandes fortunas que creyeron ser libres ante aquella guerra que no tuvo perdón ni piedad de ningún alma que se autodenominaba privilegiosa.

Las lágrimas de sangre que corrían en los ojos de las viudas y los huérfanos de las tierras olvidadas por el mundo eran más dichosas que aquellos que por su fe estaban siendo castigados y desmembrados por las mismas deidades modernas a quienes tanto veneraban y suplicaban por salvación y por poder; era mejor el sufrir por el pasado que a todos nos había dejado en la miseria, que vivir entre aquellos que al celebrar su victoria fueron traicionados por su misma sangre; el tigre y el dragón eran una historia más que contar, los pueblos olvidados de las tierras antiguas eran vistos como lagunas de sangre, los pueblos de Abraham, Sargón y Alejandro dejaron de existir desde ya más de una década, y el tigre blanco ahora descansa en su tundra bañada en sangre de necios.

Los descendientes de la nueva babilonia fueron fuertes, pero abusaron de su poder a tal grado, que su guerra le costó la vida a más de una sola raza, desde aquellos quienes se llamaron sus aliados, hasta aquellos que empapados entre los fluidos de su sangre y su carne aún dispersa, mezclada con la ceniza y los escombros, seguía suplicando por piedad y por el perdón; sin embargo, ya eran muy pocos, tristes, miserables y sucios.

Los jinetes hicieron bien en detener y acabar con las grandes abominaciones, ya habían liberado a quienes lucharon con honor y habían castigado a los avaros y ambiciosos que trataron de ser más poderosos que el resto de sus semejantes.

40 lecciones de vida, escritas por un hombre de 90 años

Cada día refleja nuevos rayos de luz que muestran la perfección que existe en cada detalle dentro de nuestra habitación; desde aquellas partículas de polvo en el aire, hasta el poder ver cada ligero pero tan marcado relieve en nuestro rostro al vernos al espejo cada día; debes analizar cada momento el seguir luchando por mantener tu vida o hacer que el destino sea quien la rija conforme el pasar de los años.

“Despiertas un día más. El sol entra por tu ventana e ilumina tu habitación. Uno de los rayos que se han colado por las cortinas apunta en dirección al vaso del pequeño buró. El bello efecto se vislumbra en las paredes decoloradas y te roba una ligera sonrisa. Una sonrisa que sientes en la pesadez de cada arruga de tu rostro. Una sonrisa que se interrumpe por un quejido interno, un mecanismo de tu cuerpo para expulsar un intruso en tus pulmones. El aviso de tu anatomía te obliga a incorporarte, aunque tu caja de huesos se rehusa en un principio. 

Te quedas sentado al pie del colchón, donde como parte de tu ritual deberás tomar el compilado de medicinas del día. Es el momento más difícil de todos. Meditas si seguir con un tratamiento que busca evitar lo inexorable o sólo fluir con el ciclo natural de la vida. El cuerpo y los años te pesan. Suspiras. Tragas. Bebes. Te levantas en dirección al baño ante otro aviso de urgencia de tu cuerpo.

Te miras frente al espejo. Todo sigue ahí a pesar de los años. Las pestañas más largas del barrio, la cicatriz en la ceja izquierda. Las huellas de la viruela negra y tu boca pequeña. El espacio de mejilla donde nunca te creció la barba y orejas tan pequeñas que te sorprenden sigan escuchando. Te sabes frente al espejo. Recuerdas que hoy vendrán tus nietos de visita. Esos dos pequeñines que te recuerdan algunos de tus mejores años, donde reías, cantabas, bailabas y jugabas sin mañana alguno. Niños como cualquiera y como ninguno. Pequeños que escuchan absortos tus historias, mitad invento y mitad experiencia propia. Piensas en una manera de transmitirles lo más que has podido aprender de la vida. Aquello que has intuido, descifrado, adivinado y descubierto. Retomaras la pluma, una pasión que has dejado en los últimos meses pero que te ata a quién eres.”

Y escribes:

1.- La vida no es fácil pero aún así es increíble de vivir.
2.- Cuando dudes, sólo da un pequeño paso hacia adelante.
3.- La vida es demasiado corta para no disfrutarla.
4.- Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia lo harán.
5.- No compres cosas que no necesitas.
6.- No tienes que ganar cada argumento. Sé fiel a ti mismo.
7.- Cuando llores, hazlo con alguien. Es mucho mejor que llorar solo.
8.- Vive el aquí y el ahora. Aprovecha el momento.
9.- Ahorra para las cosas que importan.
10.- Cuando se trata de chocolate, resistirse es inútil.
11.- Haz las paces con tu pasado para que no interfiera en tu presente.
12.- Está bien que tus hijos te vean llorar.
13.- No compares tu vida con la de otros. Nunca podrás conocer a detalle cómo es la de los demás.
14.- Si una relación amorosa tiene que ser un secreto, no deberías estar en ella.
15.- Todo puede cambiar en un parpadeo de ojos. Pero al final todo estará bien.
16.- Si quieres calmar tu mente, toma un respiro profundo.
17.- Deshazte de todo aquello que no sea útil. El desorden te afecta más de lo que crees.
18.- Aquello que no te mata, te hace más fuerte.
19.- Nunca es tarde para ser feliz. Pero eso depende de ti y de nadie más.
20.- Cuando se trate de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un no por respuesta.
21.- Prende las velas, utiliza tus mejores sábanas y tu mejor ropa interior. No los guardes para una ocasión especial. hoy es un día especial.
22.- Prepárate para lo peor y después fluye con la vida.
23.- Este es tu momento para ser excéntrico. No esperes a los 80 años para hacer todo lo que querías hacer de joven.
24.- El órgano sexual más importante es el cerebro.
25.- Nadie está a cargo de tu felicidad más que tú.
26.- Cuando ocurra algún “desastre” en tu vida, piensa si ello importará en 5 años.
27.- Siempre elige vivir.
28.- Perdona pero no olvides.
29.-  Lo que los demás piensen de ti, no es asunto tuyo.
30.- El tiempo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo.
31.- Sin importar si una situación es buena o mala, eventualmente cambiará.
32.- No te tomes tan en serio. Nade más lo hace.
33.-  Si pudiéramos agrupar nuestros problemas y ver los de los demás, tomaríamos los nuestros de vuelta.
34.- Hacerse viejo es mejor que morir joven
35.- Tus hijos tendrán sólo una infancia. Disfrútala con ellos.
36.- Al final de todo, lo único que importa es si amaste o no.
37.- Todos los días sal a la calle. No sabes qué podrás encontrarte ahí.
38.- La envidia es una pérdida de tiempo. Acepta lo que tienes ahora, no lo que crees que necesitas.
39.- La vida no viene con un listón pero aun así es un regalo.
40.- Lo mejor siempre está por venir.

Adoptando una realidad

Cada día se torna mucho más obscuro; la denigrante y sobrevalorada soledad penetra los músculos de tu pecho sin ser vista, sin anticiparse a una sensación de angustia que pueda mostrar tu espíritu; matando lentamente cada uno de tus recuerdos y haciéndote sentir como ese ser tan inhumano y sociópata al que tanto temías llegar a conocer.

Tu existencialismo suele mostrarte muchos perfiles que, aunque no los lograbas entender del todo; cuando te conviertes en tu peor enemigo, aprendes a estudiarlos y comprender mucho más a fondo aquellas cualidades que te hacen débil, acompañadas de ese sentir de miseria que se ha vuelto habitual en tu día a día; que te impide salir de una mente tan carcunda y se apodera de tus deseos más ruines y despreciables.

Sigues con tu ser crapuloso que se intenta adueñar de tus sentimientos más afines a tu realidad; bajo la espada que castiga a ese “yo” con tantos errores que le han impedido el volver a soñar; y junto a esa personalidad verrionda con la que te hicieron sentir completo, vuelves a caer en un pequeño mar de tentaciones que te convierten en ese tosco e hiperrealista ser que actúa bajo el mandato de su mismo egocentrismo.

Diario de la Desdicha – 7 de Marzo

Junto a aquella mente retorcida…

Entre esas decenas de sueños frustrados, seguía ella, tan ruin y desdichada, mientras se veían las nubes golpeando el horizonte y aquella luna que vio cada momento en el que ellos estuvieron juntos; vino aquel quien corría tras ella, y reflexionando bajo el canto del viento, solo imaginando y recordando aquellos días en que todo era placentero, sin responsabilidades y sin desdichas, con tiempo para sonreír bajo aquella llanura de sentimientos que quedaron sepultados desde ese ayer con ella; retratada estaba en el cuaderno de aquel dichoso dibujante, que en sus días de gloria pudo acompañarla hasta la estación que la llevaba a casa; bajo el sombrío llanto de un músico que se escondía en la esquina de aquel viejo barrio, solo simulaban viejas imágenes recordando lo dichoso que era tener un amor casi eterno.

“Aquel remordimiento por tan egocéntrica mirada perdida le hizo recordar que era él el causante de todos sus problemas; que tan dichosos vicios que carcomen el tiempo y la vida eran los que consumían sus deseos de seguir vivo”.

No quedaba más que el pluscuamperfecto perpetuo de lo que sería en una dimensión diferente; si el ocaso de la muerte habría venido de visita, o si la sombra de aquel cuerpo de ardua dedicación esculpida, podría estar en este universo de mentiras; tan perdido estaba aquel hombre en su desdicha, que sostuvo su pipa de caoba hasta escuchar el crujir de la cánula entre las cenizas del recipiente sobre la mesa; ya no existía ningún motivo para seguir peleando por aquel latir perdido, únicos eran esos minutos que corrían a toda prisa frente a ese viejo cuaderno empolvado entre la miseria de un pasado difícil de olvidar…

Emociones llevadas al infinito

Otro día más dentro de la mente de un ser humano abatido por sus emociones; por esos ligeros cambios de temperamento que hacen que todo cobre o pierda completo sentido; no queda nada, no queda nada más que un amor platónico que se roba las horas de sueño, los días de trabajo, los tiempos de descanso; así poco a poco, nos convertimos en ánimas desesperadas en busca de un amor diferente.

La existencia se convierte en algo natural; tarde o temprano nos damos cuenta que nuestro objetivo es aprender a desarrollar nuestro cuerpo y nuestro espíritu; solo podemos pensar en aquel ser amado que nos hace sufrir por causas pasadas o vibrar de alegrías que anhelamos entre nuestros sueños más profundos; como ver aquellos tiernos e inocentes ojos color miel, un cabello castaño y ondulado, tan perfectamente cuidado y peinado para ilustrar un pequeño rasgo perfecto; esa sonrisa tan serena, limpia, pura y sincera; y sobre todo, esa voz tan dulce que te hace desear escucharla todos los días sin importar las adversidades que se presenten por causas externas.

Sin mayor problema, cada rasgo por más imperfecto que este sea, cuando pensamos en esas emociones, se convierten en detalles hermosos, detalles que hacen a esa mujer la más importante de todas; dejando aquellas características como su inteligencia, su capacidad, sus sentimientos y su cariño como algo incluso mucho más importante y valorado, y que todo este conjunto hace de ella, la única que merece ser vista como una mujer perfecta…